Hoy estaba sentada en el carro, entre el tráfico y pensé que si todos soltáramos algún resentimiento fuerte que tenemos con alguna persona del presente o del pasado, y los perdonáramos (simplemente sintiéndolo genuinamente en el corazón) o nos perdonáramos a nosotros mismos por los errores que hemos cometido, el mundo cambiaría profundamente.  Perdonar es una acción valiente y benévola al mismo tiempo. Perdonar quita del camino los obstáculos que nosotros mismos hemos construido que pretenden justificar el por qué no hemos hecho esto o aquello; como por ejemplo ser felices, seguir adelante luego de una crisis, tener ese trabajo, tener pareja, ser saludables, perder peso… la lista es interminable.

Echarle la culpa a otros de lo que no funciona en nuestra vida, es fácil. También es inútil. No soluciona nada y refuerza la raíz  del problema (creencia, pensamiento, emoción, sentimiento, todas las anteriores). Inutil totalmente. ¿Entonces qué?

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Si no quiere hacerlo porque le nace el amor al prójimo, perdone por amor a usted mismo. Considero que el perdón es la medicina más barata y efectiva que hay, y la solución definitiva para problemas como la infelicidad, la depresión, el resentimiento, el cáncer y muchas otras enfermedades.

Las cinco principales razones para perdonar que he identificado son:

1. Perdonar es saludable. Perdonar a las personas por las ofensas cometidas no hace que lo sucedido desaparezca o lo hace correcto. Simplemente nos libera del resentimiento y sus efectos en nuestra salud física, emocional, mental y espiritual.  ¡Qué importa quién tiene la razón! Si tener la necesidad de tener la razón siempre es sinónimo de neurosis, muchas gracias, pero no gracias. Las personas que no perdonan muestras síntomas como dolor de espalda, aumento de la presión arterial, jaquecas, insomnio, neurosis, úlceras, artritis… la lista es muy extensa y puede volverse un problema crónico que resulte en casos extremos como (acertaron…) el cáncer. Así que si usted piensa que perdonar es de “débiles”, piénselo bien. Perdonar es más bien de “inteligentes”.  Cuando perdonamos y recuperamos una relación importante, el cerebro envía señales de bienestar y se segregan neurotransmisores que le indican el cuerpo que puede relajarse y que está en un lugar seguro, amigable y amoroso.  Estas emociones restablecen el estado natural del cuerpo y el sistema inmunológico (suprimido por el stress – ira, celos, envidia, fatiga, etc) se reactiva.  El perdón es la medicina del alma y del cuerpo.

2. Perdonar nos da paz. Cuando ya no andamos con el saco de papas podridas y apestosas a cuestas (resentimientos que de tanto estar con nosotros, nos empiezan a descomponer), soltamos una carga que para empezar talvez no era nuestra. Muchas de las cosas por las cuales estamos enojados y resentidos son malas interpretaciones y situaciones en las que hemos asumido algo que no era cierto. Como no nos enseñaron a preguntar y a cuestionar, construimos películas de misterio y horror en nuestra cabeza, en lugar de buscar la verdad. Perdonar nos da paz porque nos libera de la necesidad de saberlo, entenderloy aprobarlo todo. No tenemos que estar de acuerdo con todos y con todo, y aún así estar en paz. Perdonar a otros por sus decisiones y acciones, aun cuando nos han dolido, es emocionalmente inteligente. Nadie “nos hace” nada, sino nosotros lo interpretamos como algo personal. Podemos elegir no jugar el papel de víctima. Podemos elegir perdonar y estar en paz. Por eso se dice “hacer las paces” porque hay uno que aprecia su paz sobre todas las cosas y la manera de hacerlo es a través del perdón (pedirlo u ofrecerlo, presencial o energéticamente).

3. Perdonar nos hace bonitos. El rostro de la persona que ha perdonado está en paz y es hermoso, brilla y regularmente sonríe. No hay mejor maquillaje que un rostro sonriente. Cuando el corazón sonríe es como cuando después de una tormenta sale nuevamente el sol. Sentimos que todo es posible nuevamente y que la vida es bella. Perdonar nos hace bonitos, por dentro y por fuera.

4. Perdonar nos hace prósperos. Cuando soltamos las expectativas, nos hacemos responsables de nosotros mismos y no tenemos puntos de vista que defender, las cosas fluyen de mejor manera. La falta de perdón bloquea nuestro flujo natural, pues funciona como un campo minado para todo lo (“bueno y malo”) que llega a nuestra vida. Perdonar nos devuelve nuestro poder personal y con ello, la capacidad creativa. Al perdonar no vemos los obstáculos, vemos las posibilidades. Nos devuelve las ideas y la energía positiva. Al dinero le gusta la gente feliz. Considero que todo bloqueo o dificultad en la vida, viene como resultado de la falta de perdón. Perdonemos y pidamos perdón. Liberémonos nosotros y ayudemos a otros a liberarse. Un pueblo encadenado al resentimiento no prospera. Un pueblo que ha hecho las paces, es capaz de levantarse y volverse un imperio.

5. Perdonar nos hace felices.  ¿A qué venimos a este mundo sino a ser felices? ¿Quién tiene tiempo, ganas y energía para ser infeliz? A menos que seamos masoquistas, la felicidad es la razón de estar vivos.  Un ser humano feliz es próspero, saludable y vive en paz consigo mismo y con los demás. Perdonar nos da la llave a la felicidad, solo necesitamos usarla para abrir esa puerta. Perdonar es una elección. También lo es la felicidad.  Dos caras de una misma moneda.

Perdonemos entonces, empezando con nosotros mismos. Es bueno para la salud, es ecológico, es inteligente y puede ser la solución a la pobreza. ¿Entonces para qué seguir apegados al resentimiento y congelados en el pasado?

El día 21 de septiembre se celebra el Dia Mundial de la Paz, hagamos un compromiso para que ese día sea celebrado a diario en nuestro corazón como un hábito y no como una conmemoración.

Finalmente, practiquemos el perdón a diario liberando constantemente la carga que vamos recolectando a veces sin darnos cuenta y que lastima nuestro corazón. Una herramienta de sanación que me ha ayudado mucho es practicar el Ho’Oponopono, técnica de origen hawaiiano.

Las palabras claves del Ho’Oponopono son: Lo siento, por favor perdóname, gracias, te amo.

Pronunciando LO SIENTO estás reconociendo desde tu “SER”que estás arrepentido de cómo has hecho las cosas.

Cuando dices PERDÓNAME estas reconociendo tu errores y pides perdón a la humanidad, al planeta y, lo más importante: a ti mismo.

Cuando das la GRACIAS, reconoces todo lo bueno que hay en ti y en los demás, desde la humanidad… Para que hoy seas alguien mejor. Es un modelo para crecer que vale la pena aprovechar!

Y cuando dices TE AMO, reconoces el poder del amor que hay en ti y que ofreces a los demás. Te permites crecer y transformar todo tu “SER”.

Si no tuviéramos nada qué defender, porque no conocemos el significado de “perder” o de “ganar”, ¿cómo sería nuestro mundo? Un mundo donde nadie tiene miedo de ser indigno, donde nadie se siente incompleto o inferior o marginado, donde la aprobación de quiénes y cómo somos está garantizada porque todos sabemos que la perfección es nuestro única naturaleza, donde no tememos a Dios en lugar de amarlo, donde no hay consciencia de pobreza y nadie especula ni esconde; un mundo sin límites y si etiquetas donde está bien ser uno mismo, donde el amor es el lenguaje, el código y el objetivo. ¿Cómo seríamos si viviéramos en ese mundo? ¿Qué tal si ese mundo es real y lo único que hay que hacer es elegir darlo a luz? ¿Qué tal si ese mundo nos creó a nosotros por anticipado para que pudiéramos crearlo con nuestra consciencia? ¿Qué se requiere para ser madres y padres de una nueva humanidad? Todo lo que no nos permita elegir un mundo lleno de amor, paz, luz y libertad, lo entrego a Dios y lo dejo ir. Que el universo se encargue de liberar y sanar las ideas erróneas sobre la “separación” de los pueblos.  LO SIENTO. PERDÓNAME. TE AMO. GRACIAS.

“Elige tus pensamientos cuidadosamente. Conserva aquello que te brinda paz, deja ir aquello que te provoca sufrimiento.”

 

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