Retumba el suelo, se siente el frío de su sombra y dudamos de cada movimiento. No vaya a ser que se fije en nosotros. El es un gigante con zapatos, que no tiene otra cosa que hacer que salir a asustar a los niños los sábados por la tarde. El gigante está aburrido, quiere jugar pero nadie se atreve.

Se pone zapatos porque sus pies son muy delicados. Un día, un niño muy inteligente lo descubrió y le puso tachuelas, cuando el gigante no se puso zapatos, pizó una y se desinfló. Lo que quedó fue un enanito gruñón que no sabía sonreír.

Algunos aún se asustan los sábados pensando que el gigante se puso zapatos. Lo cierto es que el enanito gruñón se roba nuestros zapatos y camina en nuestra cabeza. Todo retumba pero nada es cierto. Se trata del enanito que no ha aprendido a sonreír.

De pronto el niño inteligente que llevamos dentro le pincha los pies y lo sienta a platicar. Le dice que ya no es divertido jugar a asustar. Le dice que mejor use los zapatos para bailar.

Cuando oigas los pasos del gigante con zapatos, recuerda que está ahí para bailar contigo y no para asustar.

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