Solo porque otros lleven la cara en alto no quiere decir que sepan a dónde van.

No porque parezcan tener la vida resuelta quiere decir que la tengan.

No por ver qué hacen otros encontraré mi camino.

Yo solo sé que sigo adelante. No es tiempo de bajar la cabeza.

Soy como la semilla del bambú, bien resguardada en la tierra, creciendo talvez invisiblemente a los ojos de los demás… y hasta talvez de los míos. Solo sé que hoy no es día para detenerme y bajar la cabeza, ni los brazos, ni los ánimos, ni los sueños, ni la esperanza, ni la fe.

Hoy no. Hoy sigo adelante. Como lo sé hacer.

El miedo no me paraliza, me despierta. Esto último ciertamente no es de mi autoría, lo escuché en un diálogo de la película Divergente y me identifiqué inmediatamente.  Una cosa es tropezarse. Otra es quedarse permanentemente en el suelo.  Será solo para un momento de reposición nada más. Para recargar pilas y retomar el camino.

Amo ser yo. Le doy gracias a Dios por hacerme así tal como soy, con caidas, tropezones, dudas, miedos, virtudes y sueños. No me cambiaría por nada del mundo.

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